Un buen país para viejos ?
Un buen país para viejos, un país inasumible para jóvenes
El dato del que se hace eco hoy EL ESPAÑOL no sólo constituye otro indicador más que viene a echar por tierra la gran trampa del milagro económico del Gobierno Sánchez, sino que invita a una honda preocupación sobre el futuro económico de España.
La pensión media de los nuevos jubilados (24.108 euros brutos) supera ya en un 3,2% al salario mediano.0:03 / 1:16
Es decir, que la pensión de quienes se retiran este año está por encima del sueldo de más de la mitad de los trabajadores españoles.
El desequilibrio que supone este dato debería alarmar a cualquiera que no se parapete en ficciones consoladoras sobre la posibilidad de financiar las pensiones contributivas con parches como la reducción del gasto público superfluo, el aumento de los ingresos o la llegada de inmigración.
Porque es sencillamente inasumible un estado de cosas en el que la pensión media supera también al salario más frecuente, que es de apenas 20.000 euros brutos anuales en España.
Un país con sueldos tan bajos como el nuestro no puede permitirse un gasto público en pensiones que alcanza un máximo histórico cada mes. Y si los sueldos son tan precarios es, en gran medida, por la gran cantidad de impuestos directos e indirectos con los que cargan los empleadores en uno de los países de la UE que obliga a sus ciudadanos a un mayor esfuerzo fiscal.
Entre estos impuestos, el incremento del 43% de las cotizaciones sociales desde que gobierna Sánchez, que ni siquiera con esta subida resultan suficientes para compensar todo el gasto contributivo que afronta la Seguridad Social.
La combinación de los bajos salarios españoles (especialmente los de los jóvenes) con el envejecimiento de nuestra población hace insostenible el sistema de pensiones en el medio plazo, que ya acusa un déficit de más de 50.000 millones de euros.
Y la situación sólo va a agravarse mientras sigue incorporándose a la jubilación la generación del babyboom (los nacidos entre 1946 y 1964), que ha percibido salarios muy altos y ha tenido largas carreras de cotización.
En esta tesitura, sería razonable replantearse si es razonable que las pensiones contributivas sigan estando sujetas a una revalorización constante por ley con independencia de la evolución del resto de la economía, tal y como viene ocurriendo desde que se indexaron al IPC en 2022.
Máxime cuando los sueldos no suben en consonancia.
Al contrario, en los últimos treinta años, la pensión media ha crecido un 202%, mientras que el salario medio ha subido un 87% en términos nominales.
Es decir, las pensiones se han incrementado un 42% en términos reales y los sueldos, en sólo un 2,8%, lo que supone que el incremento del poder adquisitivo de los trabajadores ha sido prácticamente nulo.
Los españoles deben formarse una idea fidedigna de la magnitud descomunal del gasto público en pensiones, que representa aproximadamente el 30% del total y alrededor del 13% del PIB.
El Presupuesto se consume en su principal partida, los más de 13.620 millones de euros que cuesta la nómina mensual de pensiones.
Esa nómina no es solamente la principal amenaza para la sostenibilidad de las cuentas públicas, según la AIReF, sino que detrae ingentes recursos que no pueden destinarse a otras partidas. Algo que tampoco está desvinculado de la insuficiencia de inversiones en infraestructuras y dotaciones que explica el deterioro acelerado de nuestros servicios públicos.
Pero es que, además, que la situación económica de la población jubilada haya mejorado sustancialmente por encima de la de la población ocupada está empezando a generar un comprensible rencor entre los más jóvenes, que se ven privados de oportunidades mientras la política se vuelca en darles más y más facilidades a sus mayores (especialmente en el caso del gobierno de Sánchez, abonado al subsidio clientelar de las clases pasivas).En un país que lidera las cifras de desempleo juvenil y en el que el acceso de los jóvenes a la vivienda resulta prohibitivo, lo esperable es que cada vez más ciudadanos empiecen a cuestionarse por qué habrían de sufragar las pensiones de sus mayores si nadie puede garantizarles que ellos las percibirán también en el futuro.
Y si se sigue ahondando en esta desafección, se verá amenazada la solidaridad intergeneracional que ha permitido mantener este modelo de reparto hasta ahora.
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